Más allá de los juguetes: Cómo se observa el autismo a través del juego infantil

2 mayo, 2026 4 min read
Written by: Romina
Neurología

La forma en que un niño interactúa, imagina y comparte sus juguetes revela información valiosa sobre su mundo cognitivo y social.

El juego no es solo una forma de entretenimiento para los niños; es su lenguaje natural, su herramienta de aprendizaje y el espejo de su desarrollo neurológico. A través del juego, los niños ensayan situaciones de la vida real, aprenden a gestionar sus emociones y, sobre todo, empiezan a comunicarse con los demás.

Precisamente por ser su actividad principal, la manera en que un niño interactúa con los objetos y con las personas mientras juega es una de las ventanas más reveladoras para la detección temprana. En el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el juego suele tomar un camino evolutivo diferente. Aprender a identificar estas sutiles diferencias nos permite comprender mejor su mente y actuar a tiempo.

1. Del juego funcional al juego simbólico: El desarrollo típico

Para entender las señales de alerta, primero debemos recordar cómo evoluciona el juego de manera convencional:

  • Juego Funcional (Hacia los 12 meses): El niño usa los objetos para lo que fueron hechos. Si le das un peine, se lo pasa por el pelo; si le das una taza, hace como que toma agua.
  • Juego Simbólico (Entre los 18 y 24 meses): Aparece la magia de la imaginación. El niño puede usar una banana como si fuera un teléfono, alimentar a un oso de peluche con una cuchara vacía o transformarse en un superhéroe usando una toalla como capa.

2. Señales de alerta en el juego: ¿Qué debemos observar?

En los niños dentro del espectro autista, el juego simbólico e imaginativo suele retrasarse o estar ausente, y en su lugar aparecen patrones de conducta muy específicos:

A. Fijación en las partes de los objetos (Foco restrictivo)

En lugar de jugar con el juguete completo, el niño puede pasar largos períodos de tiempo fascinado por una parte específica del mismo.

  • Ejemplo claro: Toma un auto de juguete, lo pone al revés y se queda girando las ruedas con el dedo durante media hora, hipnotizado por el movimiento giratorio, en lugar de hacerlo rodar por el piso simulando una carrera.

B. Alineación y orden obsesivo

Alinear los juguetes en filas perfectas, por colores, tamaños o formas geométricas, es una conducta muy frecuente. El “juego” consiste en ordenar, no en la narrativa de la historia.

  • Ejemplo claro: Si se le desacomoda un bloque de la fila que armó, el niño puede experimentar una crisis de llanto o frustración intensa, ya que la rigidez del orden le genera seguridad.

C. Ausencia de “Atención Conjunta” (El juego compartido)

Este es quizás el indicador social más importante. El desarrollo típico busca constantemente complicidad. Si un niño encuentra un juguete que le fascina, mirará el objeto, luego mirará a su mamá sonriendo (como diciendo “¡Mirá qué bueno esto!”) y volverá a mirar el juguete.

  • En el autismo: El niño suele jugar de manera completamente aislada. Puede estar muy concentrado en su actividad, pero no busca la mirada del adulto para compartir su alegría, ni señala con el dedo para mostrar lo que descubrió.

3. ¿Cómo intervenir a través del juego?

Identificar que tu hijo juega de manera diferente no debe ser motivo de desesperación, sino una oportunidad para conectar. Si notás estas señales, la primera recomendación es consultar con un especialista para analizar el panorama completo mediante la guía completa sobre la detección temprana del autismo, pero en casa podes empezar a aplicar estas estrategias:

  • Imitá su juego: Si tu hijo está alineando bloques, sentate al lado y alineá bloques vos también. Ponete en su campo visual. Esto le demuestra que respetás su mundo y suele ser la forma más efectiva de que note tu presencia.
  • Sé el “puente” hacia la imaginación: Si está girando las ruedas del auto, tomá otro auto, hacé el sonido del motor (¡Brum, brum!) e interponete suavemente en su camino de manera divertida. Introduce pequeñas variaciones paso a paso.