La conexión del líquido cefalorraquídeo
Para entender por qué una malformación en la columna afecta a la cabeza, debemos imaginar el sistema nervioso como un circuito cerrado de tuberías por las que fluye el líquido cefalorraquídeo (LCR). Este líquido baña el cerebro y la médula para protegerlos y nutrirlos. Cuando existe una apertura en la columna (espina bífida), todo el sistema de presiones cambia.

1. El “efecto succión” y la Malformación de Chiari II
La causa principal de la hidrocefalia en estos pacientes es una anomalía llamada Malformación de Arnold-Chiari tipo II.
- Al estar abierta la columna en la parte baja, el líquido cefalorraquídeo se escapa hacia el saco de la espina bífida.
- Esta pérdida de presión hacia abajo genera una especie de “succión” que arrastra la parte inferior del cerebro (el cerebelo y el tronco encefálico) hacia el canal espinal.
- Al descender, estas estructuras bloquean la salida natural del líquido desde el cerebro hacia la médula.
2. La acumulación de líquido (Hidrocefalia)
Como el líquido sigue produciéndose dentro de las cavidades del cerebro (ventrículos) pero no puede circular ni absorberse debido al “tapón” causado por el cerebelo descendido, comienza a acumularse.
- Presión intracraneal: El exceso de líquido ensancha los ventrículos y presiona el tejido cerebral.
- Crecimiento de la cabeza: En los bebés, como los huesos del cráneo aún no están soldados, la cabeza puede aumentar de tamaño de forma visible para acomodar ese exceso de fluido.
3. El papel de la cirugía fetal
Como vimos en artículos anteriores, la cirugía prenatal ha cambiado este panorama. Al cerrar la apertura de la espalda mientras el bebé aún está en el útero:
- Se detiene la fuga de líquido.
- Se restablece la presión interna.
- En muchos casos, el cerebelo “sube” de nuevo a su posición correcta, desbloqueando el paso del líquido y evitando que el niño desarrolle hidrocefalia o reduciendo su gravedad.
Señales de alerta en el recién nacido
Si la hidrocefalia se presenta después del nacimiento, los padres y médicos deben vigilar:
- Abultamiento de la “fontanela” (la zona blanda de la cabeza).
- Irritabilidad inusual o somnolencia excesiva.
- Ojos que miran permanentemente hacia abajo (signo del “sol poniente”).
- Vómitos proyectivos.