Durante generaciones hemos asumido que el rosa pertenece a las niñas y el azul a los niños. Sin embargo, esta asociación no responde a diferencias biológicas, sino a convenciones culturales cambiantes que se consolidaron hace menos de un siglo.

Los orígenes del código de colores
Antes de la Primera Guerra Mundial, los bebés solían vestirse de blanco, independientemente del sexo, ya que era más práctico para lavar y desinfectar la ropa. Fue en Estados Unidos donde se popularizó el uso de tonos pastel después de la guerra. Curiosamente, en ese momento el rosa era considerado un color masculino, por asociarse al rojo —símbolo de vigor y fortaleza—, mientras que el azul se asignaba a las niñas por ser un tono “delicado y amable”.
Artículos de revistas como Earnshaw’s y Ladies’ Home Journal, así como el Sunday Sentinel de 1914, recomendaban expresamente “el rosa para el niño y el azul para la niña, si se seguían las convenciones”.
Diferencias culturales en Europa
En Europa también existían variaciones:
- En orfelinatos franceses, el azul se destinaba a los niños y el rosa a las niñas.
- En Bélgica, Suiza y parte de Alemania, la convención era la contraria.
- Según Eva Heller (Psicología del color), en Alemania la distinción por colores no se consolidó hasta los años 70.
La consolidación tras la Segunda Guerra Mundial
En Estados Unidos, el cambio comenzó a imponerse en los años 40 y 50, y hacia los 80 el rosa ya se había convertido en el color dominante para los productos femeninos. La industria de la moda y del juguete reforzó esta diferenciación, que acabó calando profundamente en la cultura popular.
¿Preferencias innatas o convenciones sociales?
Algunos estudios han planteado hipótesis biológicas: por ejemplo, que las mujeres prefieran tonos rojizos y liláceos por su relación con la recolección de frutas o con la detección de cambios en la piel de sus hijos. Sin embargo, estas teorías son especulativas y no cuentan con consenso científico.
De hecho, investigaciones muestran que los niños menores de dos años prefieren colores intensos como el rojo y el azul, sin distinción de género. Además, encuestas como la de Eva Heller reflejan que tanto hombres como mujeres suelen preferir el azul, verde y rojo, y rechazan en mayor medida el marrón, rosa y gris.
Colores, cultura y estereotipos
Los significados de los colores son arbitrarios y culturales. El púrpura, por ejemplo, se asocia a la nobleza por el alto costo de sus tintes, y el amarillo puede simbolizar cobardía en inglés, pero felicidad y nobleza en otras culturas como Egipto o China.
Hoy en día, crece la crítica hacia esta diferenciación rígida. Ejemplos como la protesta viral de una niña en 2011 contra la limitación de colores en juguetes o las críticas a LEGO por su línea Friends muestran que la sensibilidad social está cambiando. Aun así, el éxito comercial de productos “para niñas” en rosa evidencia que este estereotipo sigue muy presente.