No todos los dispositivos PPG miden igual: descubre cuál necesitas según tu objetivo.
Cuando hablamos de monitorear la salud, la ubicación del sensor lo cambia todo. Aunque ambos usan la tecnología de fotopletismografía (PPG) para “leer” el pulso a través de la luz, la forma en que esa luz viaja por tu cuerpo define qué tan confiable es el dato que ves en pantalla.

1. Sensores de Transmisión: El estándar clínico
Es el clásico dispositivo en forma de “pinza” o clip que se coloca en la punta del dedo o en el lóbulo de la oreja.
- Cómo funciona: El emisor de luz está en un lado del tejido y el receptor en el lado opuesto; la luz atraviesa completamente el dedo antes de ser analizada.
- La gran ventaja: Al atravesar el tejido, la señal es mucho más limpia y menos propensa a errores por el color de piel o la luz ambiental.
- Cuándo usarlo: Es la opción ideal cuando necesitas una medición médica exacta de la saturación de oxígeno (SpO2) o en situaciones de reposo absoluto.
2. Sensores de Reflexión: Comodidad en tu muñeca
Es la tecnología que encuentras en smartwatches, anillos y pulseras deportivas.
- Cómo funciona: El emisor y el receptor están en la misma cara del dispositivo; la luz se dispara hacia la piel, rebota en los vasos sanguíneos y el sensor captura ese “eco” de luz.
- La gran ventaja: Permite un monitoreo de 24 horas sin ser invasivo ni molesto. Es el rey de la prevención diaria.
- El desafío: Es más sensible al “ruido” provocado por el movimiento del brazo, el sudor o si la correa del reloj está floja.
3. ¿Cuál elegir?
- Para deportistas: El sensor de reflexión (reloj) es el compañero perfecto. Su luz verde está diseñada para ser estable incluso mientras corres o nadas.
- Para control de enfermedades respiratorias: El sensor de transmisión (oxímetro de dedo) sigue siendo la referencia necesaria para mediciones críticas de oxígeno.