La donante viva en el trasplante de útero: proeza quirúrgica y dilemas éticos

4 febrero, 2026 3 min read
Written by: Romina
Ginecología

El acto de altruismo detrás de la nueva vida

En la mayoría de los trasplantes de órganos, el donante suele ser una persona fallecida. Sin embargo, en el éxito del protocolo sueco y otros programas internacionales de trasplante uterino, la donante viva ha sido la pieza clave. Generalmente se trata de un familiar cercano (madre o hermana), lo que añade una capa de complejidad emocional y médica al procedimiento.

Este acto permite que el equipo médico planifique la cirugía con precisión, pero también exige una evaluación exhaustiva para garantizar que la donante no asuma riesgos desproporcionados.

El perfil de la donante: ¿Quién puede donar?

No todas las mujeres pueden ser donantes de útero. Los criterios son estrictos para minimizar complicaciones:

  • Hitos reproductivos: La donante debe haber completado su propia paridad (haber tenido los hijos que deseaba).
  • Salud ginecológica: Debe estar libre de infecciones, virus como el VPH de alto riesgo y condiciones precancerosas.
  • Estado postmenopáusico: Curiosamente, el útero de una mujer postmenopáusica (incluso de 60 años) puede “reactivarse” y funcionar perfectamente al recibir las hormonas de la receptora joven.
  • Compatibilidad inmunológica: Se realizan pruebas de tipificación de tejidos para reducir las posibilidades de que el cuerpo de la receptora ataque el nuevo órgano.

El procedimiento quirúrgico: Un reto de alta complejidad

La cirugía para la donante es, en muchos sentidos, más compleja que una histerectomía estándar.

  • Preservación vascular: El cirujano no solo debe extraer el útero, sino que debe identificar y disecar con extrema delicadeza las arterias y venas uterinas largas. Estas conexiones son vitales para que, una vez en la receptora, el órgano reciba el flujo sanguíneo necesario para sostener un embarazo.
  • Técnica mínimamente invasiva: Se busca realizar la extracción mediante laparoscopia o asistencia robótica para reducir el tiempo de recuperación de la donante.

Consideraciones éticas: El principio de “No Dañar”

El trasplante de útero genera debates intensos en la bioética por varias razones:

  1. Cirugía no vital: A diferencia de un trasplante de riñón o hígado, la ausencia de útero no pone en riesgo la vida de la receptora. Por ello, algunos éticos cuestionan si es lícito someter a una donante sana a una cirugía de 6 a 10 horas.
  2. Presión emocional: En donaciones de madre a hija, existe el riesgo de que la donante se sienta “obligada” moralmente a participar. Los protocolos incluyen evaluaciones psicológicas independientes para asegurar que la decisión sea libre y voluntaria.
  3. El riesgo-beneficio: El éxito se mide en un nacimiento vivo. Si el trasplante falla después de que la donante se sometió a la cirugía, el impacto psicológico en ambas partes puede ser profundo.

El futuro y la alternativa de donante fallecida

Para evitar los riesgos en personas vivas, algunos países como Estados Unidos y Brasil están perfeccionando el trasplante de donante fallecida. Aunque esto elimina el riesgo para una persona sana, el útero de donante viva sigue ofreciendo, por ahora, mejores resultados debido a la calidad del tejido y la posibilidad de programar la cirugía de forma inmediata.